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El desfile estaba presidido por el alcalde de la ciudad Casto Prieto Carrasco, el presidente de la Diputación Antolín Núñez, el Gobernador Civil Antonio Cepas López y el Gobernador Militar general Manuel García Álvarez.
Una vez realizada la revista de la fuerza, daba comienzo el desfile, encabezado por una sección ciclista, seguida por el Mando del desfile, coronel Manuel Palenzuela junto a su plana mayor.
Posteriormente desfilaba el Regimiento de Infantería La Victoria, mandado en ese momento por el teniente coronel Gerardo Mayoral. Estaba compuesto por dos batallones, el primero mandado por el comandante Juan Ortiz Roces y el segundo por el comandante Juan Domínguez.
Merece citar también a los capitanes que mandaban las compañías que desfilaron al frente de sus hombres, ya que en otras ocasiones volveremos a hablar de alguno de ellos: Ramiro Pérez Santana, Francisco Pata Gil, Juan Hernández, Lucas de Mingo Ramos, José Barros Manzanares, Cástor Manzanera Holgado, Francisco Calero Escobar e Ignacio Buitragueño Colorado.
Detrás de la infantería desfilaba el Batallón de Ingenieros Zapadores n°7 mandado por el teniente coronel Mariano Monterde y finalmente los Carabineros y la Cruz Roja.
El desfile finalizó en la Plaza Mayor, donde volvieron a formar frente al Ayuntamiento. Terminados los discursos desde el balcón, las unidades regresaron a sus respectivos cuarteles.
Las crónicas del día han dejado referencia hasta del menú que dispusieron los soldados para conmemorar la efeméride.
Por la curiosidad recordamos como fue: tras el toque de diana a las 7, desayunaron café con churros. A las 12, tras el acto militar, se celebró una contundente comida especial compuesta por menestra de cordero, empanadas de ternera, huevos a la riojana, filetes a la romana con ensalada, pasteles, plátano y café.
Al día siguiente se celebraron por la mañana en el cuartel de infantería competiciones deportivas con premios en metálico para los vencedores. Ya por la tarde se organizó en el gimnasio una actuación de teatro, durante la cual el teniente Fernando Torres leyó una poesía escrita por él mismo. Finalizó la tarde con un espectáculo de bailes excéntricos realizado por el soldado Mariano González.
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